20º aniversario de la aparición de la imagen de la Virgen manca de Vadocondes

Por Pedro Félix García García | Junio 6, 2017 - 8:05 am - Publicado en Cultura

Detalle del rostro de la Virgen manca

Detalle del rostro de la Virgen manca

Pedro Félix García. Han leído ustedes bien. Se trata de un acontecimiento muy reciente. Se cumple hoy el vigésimo aniversario de la aparición, en una iglesia de nuestra Ribera, de unas imágenes de las que antes se desconocía por completo que existieran.

La Virgen manca de Vadocondes vista de frente

La Virgen manca de Vadocondes vista de frente

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Carlos Arranz Pascual casi no acertaba a decir palabra cuando, al atardecer del día 6 de junio de 1997, regresó a su casa.

Por fin, casi saltándosele las lágrimas a los ojos y todo emocionado, consiguió decirle atropelladamente a su mujer: 'esta tarde se me ha aparecido la Virgen manca'.

De ahí el titular que hemos puesto a este artículo. Nos ha parecido bonito, expresivo, y reflejo bastante fiel de un acontecimiento singular, real y relativamente reciente. Simplemente, hemos copiado parte de las primeras palabras que le soltó Carlos a su mujer cuando volvió a casa aquel 6 de junio de 1997.

Carlos Arranz Pascual nació en Aranda de Duero en 1946; se casó con Felisa Ramírez Gayubas -natural de Vadocondes- en 1972, después de que estuvieron cuatro años de novios. Así pues, es lógico que Carlos, desde hace muchísimos años, haya estado y siga estando muy ligado a todo lo relacionado con Vadocondes.

Lo bueno de esta historia que narramos hoy, es que todos sus protagonistas aún viven en este momento; todas las personas cuyos nombres aquí mencionamos, todavía narran ellos mismos sus vivencias de aquel día a todo el que quiera escucharles.

Desconchón en la rodilla izquierda

Desconchón en la rodilla izquierda

Ocurrió que, casi a finales del siglo pasado, buena parte de los vecinos de Vadocondes acordaron ponerse manos a la obra -y nunca mejor empleada en este caso dicha expresión, pues ellos mismos fueron los que aportaron personalmente la mano de obra necesaria- para la restauración y embellecimiento de su templo parroquial.

Se abordó una reparación integral de cubiertas, suelo, y campanario. Las paredes del interior de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Vadocondes, se hallaban encaladas de argamasa y sus columnas recubiertas de yeso. Este tipo de recubrimiento de la piedra original era similar al que ha podido contemplarse hasta hace pocos años en muchos otros templos de toda España, catedrales incluidas. Se dice que fueron revestidos en su día por motivos sanitarios, a fin de tratar de hacer frente a las epidemias de peste sucedidas en tiempos no tan remotos. Sin embargo muchos historiadores opinan que el enfoscado de paredes y columnas se hacía con el fin de proteger mejor la piedra. De hecho, sí que es cierto que, una vez despojadas de sus capas de yeso, esas piedras han demostrado haberse mantenido en muy buen estado de conservación. Y puede que todo se haya debido sólo a las modas cambiantes; igual que antaño se recubrieron paredes y columnas, actualmente gusta más que la piedra desnuda luzca con todo su esplendor natural.

Imagen de trazas renacentistas

Imagen de trazas renacentistas

El caso fue que, en 1996, se cerró el templo al culto y se inició el picado de paredes y columnas de la iglesia de Vadocondes, labor que, casi iniciado el verano de 1997, se encontraba ya muy avanzada, pues prácticamente se habían concluido de picar casi por completo todas las superficies de la nave central y de las dos aledañas.

Por eso, en la tarde de aquel día 6 de junio de 1997, y mirando hacia arriba desde el centro del templo, Carlos Arranz manifestó su disconformidad con que las paredes del coro fuesen las únicas que iban quedarse recubiertas de argamasa. Así que, ni corto ni perezoso, aunque sí cansado de haber estado trabajando en otras tareas durante todo el día en la Iglesia, subió las escaleras que conducen al coro y se puso a picar en la pared del lado sur. Notó que, en una zona determinada de la pared, los golpes del mazo provocaban un sonido diferente, distinto al que se producía en las otras zonas; como a hueco. ¡Y vaya si había allí un hueco! ¡Enorme! Hubo un momento en que el mazo hizo hundirse de repente un trozo apreciable de la pared; y surgió allí una oquedad hasta entonces perfectamente disimulada a simple vista. Puede que así haya permanecido tapado durante más de cien o más de doscientos años ocultando su tesoro. En el interior podían verse objetos. ¡Un tenue brillo dorado permitió entrever que eran imágenes!

Santo Domingo de Guzmán

Santo Domingo de Guzmán

Así que Carlos avisó a los compañeros que se encontraban trabajando en otras partes del templo en esos momentos: José Ríos Serrano, Tomás Ríos Serrano y Jonás García; y otros… Entre todos, con gran entusiasmo y esta vez con más cuidado, acabaron de retirar los restos del tabique que había estado disimulando durante no sabemos cuánto tiempo la existencia de una hornacina de considerables dimensiones, practicada en el propio muro sur de la torre. En su interior había tres imágenes; dos de la Virgen y una de santo Domingo de Guzmán, en muy buen estado todas ellas, habiéndose conservado igualmente muy bien su bella policromía. Llegó en aquel momento Bonifacio Ríos Serrano al templo y también estuvo ayudando a bajar las imágenes de la hornacina que las había cobijado durante no sabemos cuántos años o siglos.

¿Por qué estaban allí así estas imágenes? No lo sabemos. Unos historiadores dicen que pudo ser para resguardarlas en épocas pasadas de invasiones y saqueos. Otros afirman que pudo ser simplemente porque fueron retiradas por cambios en los gustos de moda. De su presencia no hay ningún documento que nos aclare su origen, ni el motivo de haber sido ocultadas, ni cuándo lo fueron. Sí resulta evidente que fueron guardadas con gran cuidado y disimulo. Nada permitía adivinar que, tras aquella pared enfoscada, perfectamente lisa, existiese una hornacina de tales dimensiones. Hasta que no fue golpeada esa pared con un mazo y el sonido delató que no era maciza en una zona muy concreta. Ese sonido a hueco permitió sospechar a Carlos Arranz que allí había algo debajo. Al hundirse un trozo de pared se confirmó su sospecha y, acto seguido, surgió el alborozo tras la sorpresa.

Señalando dónde estaban las imágenes

Señalando dónde estaban las imágenes

De las dos imágenes de la Virgen, una es de mucho mayor tamaño que la otra en cuanto a su cota de altura, pues está de pie, con el niño Jesús en brazos. Sus rasgos y notable corpulencia, denotan que está inspirada en los gustos imperantes en el renacimiento.

La otra Virgen está sentada y ha pasado a ser la imagen más antigua existente en la Iglesia de Vadocondes. No es románica porque ya sostiene al Niño sobre su costado izquierdo. Durante el románico, las Vírgenes, por motivos teológicos, eran meros tronos que sostenían al Niño, que ocupaba el lugar central del conjunto para conferirle toda la importancia a Dios. Con el gótico, se concedió a las representaciones de la Virgen una mayor importancia como madre de Dios que es. Esta circunstancia y la ligera expresividad de sus facciones -las imágenes románicas suelen ser más hieráticas e inexpresivas-, permiten poder hablar de un estilo gótico muy de la primera época en el caso de la imagen de la Virgen manca de Vadocondes. Está tallada en madera y policromada; mide 1,12 metros de alta. Le falta buena parte de su brazo derecho y carece de los atributos que nos hubieran permitido disponer de más datos identificativos de la advocación que representa.

Otro ejemplo -próximo geográficamente- de Virgen sedente es el de la imagen de Nuestra Señora de la Vid, de la cual sabemos que fue encargada de esculpir hacia el año 1.300 por el rey Sancho IV. Esta última -mucho más elaborada- está esculpida en piedra policromada y supera los 1,80 metros de altura; sostiene un racimo de uvas en su mano derecha.

Carlos Arranz Pascual

Carlos Arranz Pascual

Nada tienen que ver entre sí una y otra imágenes, pero la datación conocida de la imagen de la Virgen de la Vid, nos permite atrevernos a datar a la imagen de la Virgen manca de Vadocondes hacia el siglo XIII, lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que queramos insinuar aquí que la Virgen de La Vid esté inspirada en la de Vadocondes.

Huella de nuestra época con la que ha quedado marcada sin querer la imagen de la Virgen manca de Vadocondes, es un visible desconchón que luce en su rodilla izquierda. Se originó al caerle encima alguno de los cascotes cuando se hundió el trozo de pared que estuvo ocultándola -y también protegiéndola- hasta hace veinte años; hasta la tarde de aquel día 6 de junio de 1997, en que fue descubierta por Carlos Arranz Pascual.

Justamente ahora hace veinte años que ocurrieron todos los hechos sencillos y reales aquí narrados y, desde entonces, las imágenes descubiertas se exhiben -y pueden ser contempladas por quien así lo desee- en la Iglesia parroquial de Vadocondes.

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